El Rico - Historia

Por José María de las Peñas Alabarce

El padre Andrés Llordén, sacerdote Agustino y el historiador malagueño Sebastián Souvirón, en su obra, “Historia Documental de las Cofradías y Hermandades de Pasión de la Ciudad de Málaga”, editada en 1969 por la Delegación de Cultura del Excmo. Ayuntamiento de Málaga, interpretan unos documentos del Archivo de Protocolos Notariales y sostienen que la primera referencia histórica se remonta a 1584, cuando la Cofradía de la Vera+Cruz se traslada al Convento Franciscano de San Luís El Real. Sus Titulares son el Santísimo Cristo Crucificado de la Vera+Cruz y una imagen de Nuestro Padre Jesús con la Cruz a Cuestas. Esta es, sin duda, la primitiva imagen que dio origen, según unos documentos hallados en el Archivo de Protocolos Notariales, fechados el 10 de marzo de 1658, a la constitución de la Hermandad de Jesús Nazareno, integrada por 72 hermanos con derecho a enterramiento en la capilla de la Vera+Cruz y que, posteriormente, en 1756 obtendría la aprobación Real de su Majestad Fernando VI para constituirse como Cofradía independiente. De ahí que en la contraportada de los Estatutos aprobados el 9 de junio de 1883 y editados en 1884, aparece un escudo de la Cofradía con un lema alrededor donde se lee: “Año de 1756 con Real Aprobación”.

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Cuenta las crónicas que en tiempo de Carlos III, una grave epidemia asoló la ciudad de Málaga, pereciendo un gran número de personas. La debilidad de los supervivientes hacia difícil el celebrar las procesiones de Semana Santa.

Uno de los lugares en los cuales la enfermedad no había atacado con tanta virulencia era la prisión. Los reclusos, sabedores de lo que sucedía fuera de los muros en los que se encontraban privados de libertad, pidieron al alcaide el poder salir para sacar en procesión a la venerada imagen de Jesús El Rico. Ante la negativa de la autoridad, por el fundado temor a que los reclusos pudieran aprovechar la circunstancia para evadirse, éstos decidieron amotinarse, cumpliendo con la promesa de realizar la procesión solicitada.

Tras la misma, regresaron, tal y como habían prometido, todos al presidio menos uno de ellos que lo hizo al día siguiente, portando una Cabeza de San Bautista Degollado, reliquia esta de una Cofradía creada por los Jesuitas para socorrer a los presos más necesitados, que colocó junto a la cama de un compañero también preso, que se encontraba enfermo, sanando a los pocos días de lo sucedido.

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El Rey Carlos III, conmovido ante la generosa acción de los presos, dictó un Real Privilegio, por el cual, cada año, durante la procesión de “El Rico” se le concediera la libertad a un recluso.

Puede afirmarse, que en el pasado siglo XIX y entre las Cofradías de Semana Santa, ocupaba el primer lugar por haber sido la primera en obtener el reconocimiento como tal.

El Supremo Consejo de Castilla aprobó su constitución en virtud de la Real Cédula expedida el 13 de agosto de 1832. A la edición de los Estatutos era la única Cofradía reconocida en Málaga, constituida con las formalidades prevista por las leyes del Reino, en virtud de lo cual ocupó el primer lugar en las procesiones generales.

Con el asentamiento liberal de 1833, se produce la desamortización eclesiástica, mediante Real Decreto del 8 de marzo de 1836, que disponía de la supresión de todas las casas de religión, incluidas la de los Padres Franciscanos de San Luís El Real.

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En octubre de 1836, se trasladó la Cofradía de El Rico a la parroquia de Santiago Apóstol, siendo desde entonces su sede canónica hasta la actualidad.

El 11 de abril de 1847, la Cofradía adquiere una Dolorosa para depositarla en una urna que existía en el retablo de la capilla de Nuestro Padre Jesús El Rico. Dicha adquisición se hacía para sustituir a la anterior imagen de la Virgen, desaparecida durante el expolio que sufrió la Hermandad con la invasión francesa de Málaga en 1810. Esta nueva imagen fue quemada en los sucesos de mayo de 1931.

Aclararemos brevemente que durante el siglo XIX destaca la irregularidad y la discontinuidad en su salida procesional de Semana Santa, así como en la propia vida de la Cofradía. La situación económica, los avatares políticos y sociales, el descenso en el número de hermanos son factores que contribuyen a que se produzca tal situación.

Ya en el siglo XX, concretamente en la Semana Santa de 1916 se incorpora como Titular una imagen de la Virgen bajo la advocación de María Santísima de los Dolores. Esta advocación se cambió en 1924 por la de María Santísima del Amor.

El Rico - Historia

Unas de las novedades importantes de la Cofradía para la Semana Santa de 1922, fue la inclusión de la figura del Cirineo ayudando a llevar el peso de la Cruz al Señor, realizado por Antonio Castillo Lastrucci. Fue procesionada hasta el año 1924.

En los sucesos de mayo de 1931, la parroquia de Santiago es saqueada y destrozada perdiendo la Cofradía las imágenes del Cristo y de la Virgen, ambas tallas anónimas del siglo XVIII.

Tras los vandálicos acontecimientos de 1931, la Cofradía adquiere una nueva escultura de Jesús EL Rico, obra anónima del siglo XIX, además de una talla de la Santísima Virgen donada a la Hermandad por el malagueño Miguel Ojeda Torrecilla, también del siglo XIX, y que fueron procesionadas en la Semana Santa de 1935.

Poco duró el resurgimiento de la Cofradía, ya que en 1936, con la Guerra Civil son otra vez destruidos los Sagrados Titulares y la pérdida de todo su patrimonio.

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Una vez finalizada la Guerra Civil, se reorganiza la Hermandad en 1938, comenzando con la reconstrucción de la capilla y el encargo de las nuevas tallas de Nuestro Padre Jesús El Rico realizado por José Navas Parejo, y de la Virgen del Amor obra de Nicolás Prados López.

A mediados de los años 40 del pasado siglo XX, Carmen Sánchez Padilla realizó un Libro de Actas de Liberación en cuero repujado, en donde se recogen todas las Actas de liberación de los presos realizados desde 1940 a la actualidad. El citado libro se lleva en el desfile procesional.

En 1957, se estrenó la película “Amanecer en Puerta Oscura”, premiada con el Oso de Plata del Festival de Berlín, en donde la imagen de Jesús El Rico fue el gran protagonista.

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En 1981, se sustituye la imagen de la Virgen del Amor por otra nueva, realizada por el artista hispalense Antonio Dubé Luque.

En la Semana Santa de 1997, después de 68 años, volvió a estar la Cabeza de San Juan Bautista “El Degollado”, a los pies de Nuestro Padre Jesús El Rico (1929-1997)

La Casa-Museo de Hermandad es una realidad desde el día 24 de febrero de 2002, fecha en la que el obispo de la diócesis malagueña Don Antonio Dorado Soto la bendijo en una entrañable ceremonia, que nació con la vocación de servicio a los hermanos, y a todo aquel que quiera pasar a conocerla y sentirse como en su casa. Este año de 2012 hace el décimo aniversario de su inauguración y bendición.

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LA LEYENDA

Por José María Abela Luque

Jesús El Rico tiene el privilegio, otorgado por SM. El Rey Carlos III, de poner en libertad a un penado condenado por delito de sangre, durante su desfile procesional en la noche del Jueves Santo (hoy se efectúa en la noche del Miércoles Santo), al pasar sus Sagrados Titulares por la puerta de la prisión de Málaga, por aquel entonces en la Plaza de las Cuatro Calles, hoy Plaza de la Constitución.

Los sucesos que dan origen a este privilegio datan de 1759 y aunque son muchas las transcripciones que del mismo se han venido haciendo, hemos escogido la escrita por un invitado circunstancial al acto de liberación de un penado en la Semana Santa de 1950.

Don José Rico de Estasen, director del Reformatorio de Adultos de Alicante, acudió en 1950 en calidad de director de un centro penitenciario, a los actos de la Hermandad en aquella Semana Santa; quedó tan impresionado de los momentos vividos que, de regreso a Alicante, escribió sus vivencias respecto a nuestra Semana Mayor. El original de este testimonio obra en poder de la Cofradía y en relación con el tradicional privilegio de la Cofradía de Jesús El Rico de liberar a un recluso, esto es lo que entendió del relato oral que de la misma le hiciera Don Rafael Porras de Silva, Hermano Mayor de la Cofradía por aquellas fechas.

“Fue durante el reinado de Carlos III. Consecuencia de una época de austeridades y penurias, se declaró en la ciudad una terrible peste. Los enfermos se amontonaban en asilos y hospitales; las gentes morían en las calles contaminadas por el horrible mal; familias enteras caían para siempre, sin encontrar una mano amiga que les prestara auxilio, en sus propios hogares.

La ciudad permanecía silenciosa y desierta; y al estruendo del mar, de continuo bronco y agitado, se unía el de las Campanas de la Catedral y de los innumerables templos que clamaban de día y de noche por los agonizantes.

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La peste, al igual que en otras agrupaciones ciudadanas, hizo acto de presencia en la cárcel; los reclusos, encendidos de amor y de fe, percibiendo en donde podían hallar remedio para tamaña desventura, acogieron con entusiasmo la idea, concebida por uno de ellos, de sacar en procesión la imagen del Nazareno que se veneraba en el inmediato convento, seguros de que con ello atraerían la protección del Cielo sobre la ciudad.

Pero la autoridad permaneció indiferente a la súplica y el ansiado permiso les fue denegado. Entonces, enardecidos de fe, se sublevaron, en una sublevación muda, silenciosa, que se redujo principalmente a hacer ineficaz la custodia de sus guardianes. Fantasmas de sí mismos, a quienes el delito mantenía al margen de la sociedad, sin despojarse de los grillos y cadenas, salieron a la calle, se trasladaron a la inmediata iglesia, se apoderaron de la imagen de Jesús El Rico conservada en su capilla y, en su divina locura, la llevaron en triunfo por los lugares mas afectados por la epidemia.

Finalizada la procesión, la devolvieron a la iglesia, y acompañados de un público que les contemplaba absortos, contritos y reverenciosos, tornaron a la cárcel sin que ni uno solo se hubiese aprovechado del suceso para huir.

La ciudad entera fue testigo del prodigio y de que la epidemia que amenazaba con acabar con la vida de todos, repentinamente, desapareció.

El corregidor de Málaga, noticioso de lo acaecido, puso el hecho en conocimiento del buen Rey Carlos III. Ante rasgos de esta naturaleza no podía permanecer indiferente su corazón magnánimo y, deseoso de perpetuar el rasgo de aquellos hombres dóciles y creyentes, fueran cuales fueran los delitos que purgaban, promulgó una pragmática concediendo al Dulce Jesús la excepcional prerrogativa de que en la noche del miércoles Santo, cuando le llevaran en procesión por las puertas de la cárcel, se abrieran aquellas deparando la libertad de un preso” Hasta aquí el relato de este circunstancial visitante que quedó tan hondamente impregnado de una de nuestras tradiciones que quiso dejar constancia escrita de ella, con una particular impronta novelesca, tal como se imaginó que debió ocurrir, para perpetuarla en su memoria y en la de aquellos otros funcionarios de prisiones de toda España a los que se dirigió, remitiendo una copia de este texto y propagando la suntuosidad de nuestra Semana Santa; Pregonero de honor de la misma al que desde estas líneas rendimos homenaje.

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